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Blockchain, ¿llegó para quedarse?

Por: José Fonseca, director corporativo de desarrollo y de negocios de KIO Networks

El blockchain, la tecnología detrás de las criptomonedas, tiene el potencial de transformar el mundo tal y como lo conocemos. Actualmente, su cara más pública es el de las criptomonedas como Bitcoin o Ethereum.

Sin embargo, el alcance de blockchain es aún mayor: sus características hacen posible tener registros públicos, abiertos y seguros, sin la necesidad de un tercero que lo valide; sin servidores de los que dependa la estabilidad y perennidad de la red, lo que permite que tenga diversas aplicabilidades y se pueda implementar a diversos niveles: desde el hogar hasta gobiernos enteros.

En el caso del sector público, comienza a adoptarse como una posibilidad para facilitar trámites e incluso, asegurar una mayor confiabilidad en los sistemas electorales dado que cada sufragio quedaría registrado en una cadena de información, la cual cumple altos estándares de seguridad; hasta el caso de gobiernos como Estonia, que prácticamente ha respaldado el funcionamiento del Estado en la plataforma.

Tan solo en aspecto de trámites, tomemos el caso de México, donde emprender un negocio puede llevar más de 500 días, debido a la cantidad de trámites a resolver, dependiendo del giro y el lugar donde se instale, de acuerdo al Banco Mundial. Estos procesos pueden ser acelerados gracias a los “contratos inteligentes” que son generados con esta tecnología. Se activan de manera automática o con un acuerdo previo, con la certeza de que son inalterables.

El blockchain comienza a tener respaldos interesantes como China: por un lado, el país asiático tiene políticas muy restrictivas contra las criptomonedas pero incluyó la tecnología que las hace posible como parte del XVIII Plan Quinquenal de Desarrollo (2016-2020).

Dado que blockchain opera como una base distribuida abierta de datos, en la medida que los sectores la registren, se ampliará la red detonando nuevos escenarios en que es fundamental tener la certeza de que la información es confiable.

Por ejemplo, si un auto tiene un registro de datos en blockchain, al momento de que el dueño decida venderlo, el potencial comprador contará con información pública, confiable, segura e inalterable sobre el número de visitas a taller, si está asegurado o ha estado involucrado en un accidente, cuántos dueños ha tenido previamente, entre otros aspectos, siempre y cuando, la red cuente con la participación de aseguradoras, agencias automotrices, talleres de servicio y los propios usuarios.

Debido a que la tecnología de blockchain hace uso muy eficiente de la infraestructura existente en la red global, se posibilita la generación de “micro costos” por transacción, lo cual permite incrementar enormemente el volumen de transacciones y dar acceso a los servicios a todo el público.

Así, la posibilidad de nuevos usos se multiplica. Pensemos en registros médicos, donde se pueden generar cadenas inter-hospitalarias que permitan un fácil acceso, prácticamente en tiempo real, de expedientes clínicos. El paciente será dueño siempre de la información y puede permitir a médicos y aseguradoras tener acceso sólo a la información que les sea necesaria.

Algunas preocupaciones que comienzan a elevarse al respecto, incluso más allá de la adopción o vulnerabilidades, como la alta demanda de energía requerida, porque para verificar cada bloque de información que conforma el blockchain es necesario resolver problemas computacionales; si bien se prevén máquinas cada vez más rápidas y eficientes, lo cierto es que cada vez será necesaria una mayor cantidad de electricidad.

Los algoritmos basados en cadenas de bloques y elementos de software distribuidos, seguirán proliferando, tal como los algoritmos generados por el Massachusetts Institute of Technology (MIT), para el soporte de la criptomoneda IOTA, lo cual desencadena todo un nuevo mercado de datos y algoritmos descentralizados. .

El blockchain va más allá de las criptomonedas, y justo ahí es donde radica su potencialidad, a pesar de que muchas veces se les trate como si fuera lo mismo. El reto es cómo aprovechar esa naturaleza descentralizada y transparente, para transformar el mundo tal y como lo conocemos hasta ahora.