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Empresas y gobierno: hacia un nuevo contrato social

Por Don Tapscott, profesor adjunto en INSEAD, canciller emérito de la Universidad de Trent y miembro de la Orden de Canadá. 

 

Participante en KIO Networking, una red de tomadores de decisiones con el objetivo de intercambiar información, experiencias y puntos de vista para seguir innovando.

 

Estamos en uno de los puntos de inflexión dramáticos en la historia global, no muy diferente de la Segunda Guerra Mundial. La pandemia ha cobrado más de 2,3 millones de vidas hasta el momento, y la Organización Internacional del Trabajo estima que el sustento de 1.6 mil millones de trabajadores están en riesgo, eso es más de la mitad de la fuerza laboral del mundo.

 

Si bien no captaremos completamente la magnitud de la devastación durante algún tiempo, una cosa está clara: las instituciones tradicionales están fallando a los dueños de negocios, a sus empleados y clientes. El coronavirus está explotando todas las debilidades de nuestro contrato social, puesto al descubierto por la economía digital:

 

Desigualdad sistémica: La transparencia promovida por el internet ha puesto en evidencia las fragilidades de nuestros sistemas de salud pública, con un porcentaje desproporcionado de muertes por COVID-19 en comunidades de minorías. Lo mismo pasa en el sistema financiero: en Estados Unidos, por ejemplo, casi la mitad de los hogares de afrodescendientes no cuentan con servicios bancarios y los empresarios negros tienen el doble de probabilidades de ser rechazados para obtener un crédito. 

 

Prosperidad esquiva: Dentro de la segunda era digital, el aprendizaje automático, la inteligencia artificial, la robótica, el internet de las cosas y las tecnologías blockchain, entre otras, están en peligro. Sí, hay una nueva ola de emprendimiento, pero muchas regulaciones fueron diseñadas para la economía industrial y obstaculizan la innovación digital. 

 

Jurisdicción de nuestros datos: Esperábamos que el internet respaldara nuestros derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad en el proceso. Sin embargo, en el tema de nuestra información, hay que decirlo: los datos no son propiedad de quienes los crean, más bien están controlados por un grupo de "propietarios digitales" que recopilan, agregan y se benefician de los datos que constituyen colectivamente nuestras identidades digitales. 

 

Discurso fragmentado: Es un hecho que varias facciones en internet han avivado el miedo a través de noticias falsas. Menos personas buscan comprender a quienes no están de acuerdo con ellos o tienen experiencias de vida diferentes a las suyas y menos aún están dispuestas a luchar por el derecho igualitario de los demás a vivir su mejor vida. 

 

Ha llegado el momento de que las empresas y los gobiernos de todo el mundo actúen para volver a imaginar nuestros contratos sociales; rehacer sus presupuestos, poniendo su dinero en una nueva forma de pensar. Cuando evolucionamos de una economía agraria a una industrial, desarrollamos un nuevo contrato social para la época: educación pública, una red de seguridad social y leyes sobre derechos civiles, contaminación, seguridad en el lugar de trabajo y mercados financieros, por nombrar algunos. Es hora de actualizar estos acuerdos, crear nuevas instituciones y renovar las expectativas y responsabilidades que la ciudadanía debe tener sobre la sociedad.

 

Necesitamos nuevos modelos en red de resolución de problemas globales. La próxima era de la economía digital podría traer una época de prosperidad si confiamos en enfoques de múltiples partes interesadas para lograr el cambio. Es decir, grupos de partidos independientes que se organizan en torno a los grandes problemas que debemos resolver.  

 

Necesitamos nuevos modelos de participación ciudadana. Las redes permiten a los ciudadanos participar plenamente en su propia gobernanza. El voto obligatorio alienta a ciudadanos activos, comprometidos y responsables, pero solo si pueden emitir sus votos de manera fácil y segura. Tecnologías como blockchain nos permiten incorporar promesas electorales en contratos inteligentes y asegurar otras formas de democracia directa.

 

Necesitamos nuevos modelos de trabajo y educación. Nuestras expectativas de empleo están cambiando. Las personas ya no anticipan hacer el mismo trabajo en la misma empresa en el mismo campo durante toda su carrera. Los trabajadores deben prepararse para un aprendizaje permanente sin precedentes, sabiendo que la tecnología probablemente los obligará a reinventar su papel en la fuerza laboral. 

 

Necesitamos nuevos modelos de identidad. Necesitamos proteger la seguridad de la persona y acabar con los sistemas de exclusión económica y feudalismo digital. Las personas deben poseer y beneficiarse de los datos que crean desde el momento de su nacimiento.

 

Estos esfuerzos requieren una revisión seria de los presupuestos gubernamentales, una reasignación de recursos públicos, donde invertimos en el éxito de cada persona. Que estos días de tantos cambios convoquen a una nueva generación de líderes que nos lleven a la era digital. ¿Quién de nosotros dará un paso al frente?